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De FÚTBOL PARA TODOS a FÚTBOL PARA LA CÁMPORA

Nunca fui deportista. Mucho menos futbolero. Miro al futbol desde la política, donde deporte y poder confluyen en una síntesis muchas veces explosiva.
Don Silvio Berlusconi se propuso conquistar el poder en Italia, para lo cual, comenzó acumulando empresas y financieras, y a continuación fue monopolizando los medios (televisión, radio, diarios, revistas y editoriales). Pero comprendió que su popularidad no le alcanzaba para ganar elecciones, para ser “popular”. Lo consiguió comprando el club Milán y obteniendo campeonato tras campeonato en Italia y en Europa.
El “efecto Berulsconi” pasó a ser un caso de estudio para los analistas políticos y por supuesto para los actores y operadores de la política.

Se trasladó a nuestro medio: primero, con Macri, que logró la presidencia de Boca con el propósito de que sea su trampolín para la jefatura porteña y luego apuntar a su proyección nacional.

Boca logró convertirse durante su presidencia en un club exitoso en la Argentina, en Sudamérica (según tengo entendido ganó 4 copas Libertadores) y en el Mundo (ganó dos veces la final en Japón ante los poderosos Real Madrid y Milan).

¿Fue producto de la gestión la de Macri? (de eso se ufana en su libro “Pasión y gestión”) ¿El héroe fue acaso su DT, Bianchi? ¿Los jugadores? Sí, ellos hicieron ganar a Boca (ningún otro equipo de la primera década de los 2000 fue tan exitoso), pero Boca fue el equipo de la convertibilidad. Sin el 1=1 de ninguna manera hubiese podido tener y sobre todo mantener el equipo que logró los campeonatos. La mayoría de aquellos jugadores no hubiesen durado más de una temporada en Boca sin haber sido vendidos al exterior.
Hoy: Massa creyó necesario ser presidente de Tigre, además de intendente, otro tanto hicieron Aníbal Fernández con Quilmes, Moyano en Independiente y Tinelli en San Lorenzo. ¿No les alcanzaba con el poder, la popularidad y el éxito que tenían en sus actividades? No. La verdadera “popularidad” la da el fútbol, inclusive, más que la televisión o el espectáculo.
Habría que agregar muchos casos de intendentes que “apoyan” al club de su localidad: el más resonante es Defensa y Justicia, de Florencio Varela, que está jugando en la primera división.

Pero cual es el eje que constituye al futbol en una actividad tan rentable políticamente hablando y tan cara en términos económicos y de negocios?

1.     El fútbol como actividad, deporte, espectáculo es inviable financieramente. Los recursos de los clubes provienen de las cuotas de los socios, de las entradas a la cancha, de la televisión, de los sponsors y de la venta de jugadores.

Veamos:
·        La cantidad de socios con la correspondiente cuota social difícilmente cubran más del 10 al 20% de los gastos del club (téngase en cuenta que muchos clubes además tienen gastos fijos para sostener otras actividades deportivas: pileta, básquet, tenis, gimnasia, etc.)
·        La cancha: las recaudaciones son bajas en la mayoría de los partidos (los socios en su mayoría no pagan) y el monto recaudado está condicionado por los altos costos de adicionales para la policía (que se paga en efectivo, antes de empezar el partido) que fija la cantidad de efectivos necesaria para que el partido se juegue. Este gasto disminuyó significativamente al impedirse el acceso de los equipos visitantes.
·        Los sponsors, para los clubes que no son de primera línea cubren solo servicios: transporte de ómnibus, indumentaria deportiva, etc. No aportan recursos económicos en dinero.
·        La venta de jugadores: en su mayoría, los jugadores de categoría pertenecen a un “fondo de inversión” o sea, un grupo de personas que pusieron dinero para tener su “pase”, de modo que el jugador pertenece al club sólo en un porcentaje. Si sale de las inferiores, hay que tener en cuenta el costo que irrogó al club formarlo y en qué medida el padre no transó con representantes o intermediarios.
Más allá de corrupción que pueda haber en el manejo de los clubes, los recursos “normales” no alcanzan para sostenerlos.

2.     Recursos riesgosos

El gran recurso, hoy, es la televisión, en manos del Estado, pero el déficit crónico de los clubes, que no pueden sostenerse, hace que el subsidio deba ser cada vez mayor. Basta ver las erogaciones de Fútbol para Todos.
Está en espera el controvertido “prode bancado”, con el apoyo de Cristóbal López. Pero tiene la oposición de clubes grandes, por conflicto de intereses, entre otros del presidente de Boca, Daniel Angelici.
¿Cuánto aguantará el esquema de “sociedades civiles” para todos los clubes afiliados a la AFA?
Es evidente que una salida es convertir a los clubes en “sociedades anónimas” pero le haría perder poder a la entidad que nuclea a los clubes de fútbol. Los ejemplos de Inglaterra, donde empresarios rusos son dueños de los grandes clubes, y de Francia, donde lo son los árabes (Paris Saint Germain), son un toque de atención. España contó con poderosos sponsors árabes (Qatar Airways en la camiseta del Barcelona).
Un atajo podría ser mantener la “sociedad civil” concesionando el club a un “fideicomiso”, o sea, por un grupo empresario que se haga cargo del fútbol del club por una determinada cantidad de años.
Al respecto, algo se quiso ensayar con Rodolfo D’Onofrio en River cuando en las pasadas elecciones apareció asociado al grupo Werthein que tenía ese proyecto bajo el brazo. Su derrota frente a Passarella (apoyado por Grondona, que lo prefirió como mal menor, y Néstor, sí, Néstor K) le impidió lograr ese objetivo. Ante el fracaso deportivo de Passarella, finalmente D’Onofrio logró la presidencia, esta vez asociado con Brito (su hijo es vice) y Eurnekián (su pollo Patanián, es otro vice). Veremos qué inversiones logran para River, que por ahora, se sigue manejando gasoleramente.

He aquí la razón de porque Julio Grondona era TODO en la AFA: presidente que organizaba y controlaba los campeonatos, las finanzas, el referato, las sanciones disciplinarias, la seguridad, etc. Creó un verdadero sistema a su imagen y semejanza. Lo dotó de poder político y lo rodeó de un clima “de familia” que lo asemejaba a una mafia. No era para menos. Todo “sistema” para sobrevivir tiene que contar con distribución de poder que le permita a “todos ser parte y al mismo tiempo sentirse uno”.
La mayoría de los clubes “chicos” del gran Buenos Aires y podría decirse que la gran generalidad de los del interior del país existen gracias a la AFA, que siempre los apoyó y sostuvo financieramente.
Tengo la impresión de que es imposible sostener el “Grondonismo” sin Grondona. Sus métodos eran inherentes a su persona y a su enorme capacidad como dirigente. No lo juzgo éticamente sino por sus resultados y en función de sus representados. No es fácil ni sencillo “armar un estructura” y sostenerla en el tiempo. Grondona lo hizo, con su más y sus menos. Con muchas arbitrariedades y pocos escrúpulos. Necesitaba ser amado y temido por los suyos y para eso no le tembló el pulso para darle a la institución que presidía todas las ventajas. Convengamos que llegar a ser y mantenerse como muy influyente vicepresidente de la FIFA es un logro que difícilmente pueda repetir el fútbol argentino.
Grondona solía decir que el fútbol es pasión-deporte-negocio, y que la clave consistía en conciliar y equilibrar a los tres.
Se perfilan varios escenarios sucesorios en una transición difícil y escabrosa:
1.     El grondonismo a ultranza: poco viable a mediano plazo, es decir, más allá del próximo octubre; con el creador muere su accionar;
2.     La conciliación de intereses, donde pueden tener influencia los grandes clubes: pero ninguno de los cuales está en manos de allegados a la Casa Rosada, hoy algo mas que necesario para sobrevivir. A esto se añade, me dicen, las oposiciones de los clubes “chicos”;
3.     La búsqueda de un candidato de transición por un año hasta que se defina el panorama político.
4.     Dar el golpe e inevitablemente crear un “nuevo sistema”. Para ello se necesita un liderazgo innovador y revolucionario que no equivale a decir justo y equitativo.
Este es el recurso al que con gran probabilidad apelará el gobierno nacional, el proveedor del “lubricante” vía Fútbol para Todos, de esta fabulosa máquina del fútbol argentino.
El primer paso, ya lo dio: el allanamiento de la AFA usando a la Graciela Ocaña para el logro de sus fines.
Segundo paso: intervenir las finanzas de la AFA por orden judicial, bajo la forma de veedor, fiscalizador, etc. Con eso, se adueñan de la caja. Aunque intervenir lisa y llanamente la AFA podría tener el riesgo de la desafiliación de la FIFA lo cual sería la muerte del fútbol argentino.
Tercer paso: imponer un candidato como presidente, de octubre del 2014 a octubre del 2015, el cual, manejando la caja de la AFA podría terminar siendo el presidente o influir en una determinada candidatura, por el período 2015-2019. La Cámpora, no es ajena a esta iniciativa.

Grondona cumplió con su propia consigna. El también pasó. Pero aquellos que viven el futbol como pasión y negocio lo extrañarán invariablemente. Les será muy difícil reemplazarlo. Julio Grondona no era un hombre del futbol, simplemente. Era un profesional del poder.

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