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El sistema binominal, la base de la desigualdad chilena

Ha sido turbulento el regreso de la democracia en Chile. Aunque desde el término de la dictadura en 1990 Chile vivió una gran estabilidad económica y política, aún permanecen los legados de casi dos décadas bajo la autoridad de Augusto Pinochet. La presidente reelecta, Michelle Bachelet, aseguró desde el comienzo de su mandato sus esfuerzos para reformar el sistema político chileno y así empoderar a los ciudadanos. Una de estas reformas fue la transición desde el sistema electoral binominal, el sistema establecido para las elecciones parlamentarias donde se presentan dos candidatos por lista en base a distritos de magnitud 2, hacia el sistema electoral proporcional, que busca respetar la proporcionalidad de 1 ciudadano, 1 voto y estará vigente para las próximas elecciones en el año 2017. Este cambio representa un importante logro para la centroizquierda que ha tratado sucesivamente, pero sin éxito, deshacerse del sistema binominal.

Luego de 26 proyectos de ley no aprobados durante 25 años, Chile logró dejar atrás un sistema único en el mundo que resultaba ser insuficientemente representativo. El sistema binominal consistía en dos candidatos por lista. De estas listas se podía elegir dos candidatos de una misma lista cuando la primera tenía el mayor número de votos, los cuales debían doblar la cantidad de votos obtenidos por la segunda. Esto permitía que el candidato más votado de la segunda lista pudiese ser elegido con menos votación que el segundo candidato de la primer lista.

Debido a la dificultad que el método brindaba para que los partidos pequeños obtuviesen algún escaño, se crearon dos coaliciones importantes: la Concertación, de centroizquierda, y la Alianza, de centroderecha. Irónicamente, la mayor competencia existió dentro de las coaliciones, que tuvieron que pelear por imponer a sus candidatos, más que entre ellas. La Alianza consiste en dos partidos políticos, los cuales pudieron presentar un candidato de cada uno en todos los distritos. Sin embargo, la Concertación es compuesta por cuatro partidos distintos. Esto obligó a esta coalición a tener que negociar para establecer qué partido llevaba candidatos en qué distritos. Aunque ambas coaliciones fueron sobre-representadas, la Alianza se vio más favorecida que la Concertación, no por la cantidad de votos, si no que porque la Concertación no pudo hacer valer su mayoría de manera decisiva.

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*Las líneas representan elecciones municipales y parlamentarias, mientras que las líneas punteadas representan las elecciones presidenciales

Fuente: www.elecciones.gob.cl

El nuevo sistema electoral proporcional busca eliminar los distritos binominales, para lo que se aumentó la cantidad de diputados a 155 y de senadores a 50 – antes eran de 120 y 38 respectivamente. También, se fusionaron distritos ya existentes para lograr este mismo objetivo. Al haber un mayor número de escaños a elegir por distrito, la proporcionalidad se aumenta. Se planifica que haya entre 4 y 9 candidatos por lista, por los cuales los ciudadanos podrán votar abiertamente. Otro cambio a destacar es que se realizarán primarias para seleccionar a los candidatos que conforman cada lista. Existe una nueva ley de cuotas que obliga a que los partidos presenten una proporción de 40 a 60 por ciento de mujeres y hombres.

De los 38 senadores chilenos, 3 se opusieron y 7 se abstuvieron a la reforma. Otros 4 estuvieron ausentes durante la sesión. No es sorprendente que todos aquellos que no votaron a favor pertenecen a la coalición de centroderecha. Muchos chilenos afirman que el sistema binominal fue una manera en que Pinochet se aseguró que su constitución se perpetuara en el tiempo, ya que se requiere el voto favorable de tres quintas partes de los diputados y senadores para su modificación. Es decir, 72 diputados y 23 senadores. Así como lo estableció Edgardo Boeninger, un académico y político chileno, el sistema le dio “la llave de los cambios profundos” a la centro-derecha. Dado a la baja proporcionalidad que el sistema binominal brindaba, se hacía casi imposible lograr alguna reforma. Por otro lado, para los partidos de izquierda, este cambio representa un “salto a la democracia,” tal como afirmó Rodrigo Peñailillo, el ministro del Interior.

Este cambio que está viviendo la política chilena representa un aspecto más profundo que el sistema electoral. El sistema binominal ha sido la base de la desigualdad chilena, no sólo porque desarrolló un sector ciudadano de izquierda sin representación parlamentaria, sino que también quitó el incentivo a organizarse políticamente dado por la hegemonía de las dos coaliciones más importantes.

Aunque le pese a la derecha, no hay duda que esta transición brindará una mayor sensación de inclusión en la sociedad chilena y eliminará de a poco la predictibilidad de los resultados electorales.

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