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G20: Barajar y dar de nuevo

  • El G20 era una reunión que amenazaba con no salir bien. En primer lugar, en lo que respecta en materia de seguridad, ya que se daba en un contexto donde la opinión pública y los sectores de decisión dudaban del accionar de las fuerzas de seguridad.
  • En segundo lugar, porque el gobierno tenía dudas sobre la posibilidad de lograr un documento final que le permita salir bien parado de la reunión. El antecedente era el gobierno alemán, el cual no salió favorecido de la Cumbre en Hamburgo en ninguno de los dos aspectos anteriores: disturbios en la calle y un documento final poco concreto.
  • La cumbre salió mucho mejor de lo que esperaban todos, incluso el mismo gobierno. Y logró que Mauricio Macri consiguiera una importante cuota de oxígeno, tanto en materia de liderazgo, como en la concreción de acuerdos bilaterales.
  • Entre esos acuerdos estaba el desafío de hacer equilibrio entre las presiones de Estados Unidos y los intereses comerciales de China para con la Argentina, tarea nada fácil. La circunstancia fue favorable para el gobierno argentino, ya que luego de que Trump y Xi Jinping firmaran una tregua, se distendieron los mercados internacionales y esto le permitió a Macri lograr ese equilibro que estaba buscando.
  • Otro de los logros del G20, fue el cambio de clima entre los sectores desencantados y frustrados con el gobierno de Macri, entre quienes se generó una nueva esperanza hacia el gobierno. Suposiciones que se van a poder ir confirmando o refutando en las encuestas de estas semanas.
  • En cuestiones de seguridad, después de los papelones que se vivieron en el fútbol en las últimas semanas, el gobierno logró contener los posibles disturbios y pudo manejar la seguridad sin inconvenientes. Esto se debió a un procedimiento de disuasión muy bien montado.
  • Esto tiene un efecto colateral que es el “control de la calle” por parte del gobierno. Después de esta experiencia, Macri está en condiciones de decir “el gobierno controla la calle”, algo en lo que venía fallando y que es fundamental para dar sensación de gobernabilidad y demostrar que las “cosas” están bajo control.
  • Las fuerzas de seguridad dieron la sensación de eficiencia y responsabilidad. La población percibió esto como positivo. Lo que le dio ocasión a Patricia Bullrich de doblar la apuesta en temas de seguridad ciudadana, pese a un ala del gobierno que siempre esta temerosa de llevar adelante una política de seguridad porque teme mostrar al verdadero Mauricio Macri.
  • Por otro lado, la oposición tomó nota de lo que fue el G20, por el que tenía expectativas muy bajas, pero con la presencia de los principales líderes del mundo al lado del presidente Mauricio Macri, quedó claro que el apoyo internacional a este gobierno es indefectible. Y hoy ningún gobierno, del partido que sea, puede gobernar sin apoyo internacional.
  • Frente a esto, el problema de la oposición no es la falta de candidato, sino la falta de un proyecto creíble. Macri todavía conserva cierta cuota de credibilidad. La gente cree que tiene buenas intenciones, o que tiene objetivos aceptables, o que es la única alternativa que hay, no importa lo que cree, pero todavía cree. Esto modifica el ambiente en torno a la relación polar entre oposición y oficialismo.
  • Finalmente el G20 demostró que el clima puede cambiar. El oficialismo venía de muchos traspiés y su líder Mauricio Macri estaba muy golpeado, hace unas semanas con la derrota en el consejo de la magistratura, después con el conflicto en la final de la Copa Libertadores… El presidente venía a la defensiva, pero acaba de recuperar el centro del ring. Ahora resurge un Mauricio Macri con confianza en sí mismo, un presidente que hace diez días andaba cabizbajo y que este fin de semana en el entorno del G20 no se preocupó por saludar al Primer Ministro de Canadá en la gala del Colón con la boca llena.