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La lógica de la política: azar, voluntad y destino

Los consultores políticos estamos inclinados a diseñar y proclamar ambiciosas estrategias, mucho más abarcadoras de las que finalmente ponemos en ejecución. Jugamos al ajedrez con piezas de marfil cuando en realidad trabajamos con almas de barro.

En general la realidad termina imponiéndose sobre nuestros deseos y debemos ajustarnos con rapidez a las circunstancias. Adelantarnos a esta realidad es lo que nos permite lucirnos frente a nuestros asesorados, sean candidatos o funcionarios, y que se sientan acompañados y contenidos en sus pasos y decisiones.

El periodismo, nuestro gran aliado o detractor – depende de las circunstancias-, también oficia a veces como gran impulsor de nuestros planes. La exageración es parte de la ficción del periodismo, y describirnos como hacedores de grandes y meditados planes los hace vender noticias y dotarlas de impacto.

Con respecto a los acontecimientos del pasado jueves 14 y lunes 18 en torno a la aprobación del proyecto de ley de reforma previsional en el Congreso Nacional, algunos analistas y columnistas, nos relataron que la estrategia del lunes 18 de diciembre pasado, de no contener a los manifestantes y dar la sensación de un creciente desorden público se debió a un plan meditado del gobierno nacional para “victimizarse” y lograr la aprobación de la ley de reforma de previsional.

Caben algunas reflexiones al respecto. Primero, en los escenarios que describimos, la realidad y la imaginación del guionista difuminan sus fronteras y no dejamos de preguntarnos en este (como en otros) acontecimientos políticos, cuánto de esto fue buscado, cuánto “encontrado”, cuánto de “suerte/fortuna” tiene que ver en todo esto… ¿Hay alguien que haya leído de antemano lo que describimos? ¿Hay alguien que lo haya planificado? No será que en política finalmente todo es toma de decisión táctica; la jugada corta y esperar el turno del otro sin saber si tu movimiento es acertado o simplemente el único que podías hacer.

Segundo: si el gobierno aplicó una táctica para crear un clima político y con ello ganar la votación en el Congreso, realmente logró lo su objetivo, porque finalmente la ley fue aprobada. El gobierno se victimizó y con ello logró el fin buscado. Circunstancialmente, eso causó 88 heridos policiales y una verdadera batalla campal en las inmediaciones. Pero, al parecer, decidió pagar un alto precio y costos políticos importantes para obtener el rédito buscado.

Tercero: en otro escenario, el de más largo plazo, el gobierno perdió consenso y apoyo en sectores medios. Los puede recuperar pero por ahora implica un retroceso en su imagen pública. Sufrió una baja en las encuestas y Mauricio Macri perdió consenso. Comenzó a transitar el inevitable ajuste económico que, por más simpático que se lo quiera aparentar, se paga con creces en el opinión pública. Incluso enfrentó su primer y esporádico cacerolazo, lo que debe haberlo puesto de pésimo humor, dado que es un recurso de los sectores que en su momento lo apoyaron. Los sectores medios.

La política tiene una lógica inexpugnable. La nueva y la vieja, diferenciación caprichosa si las hay, y que el gobierno utiliza en su discurso público, son similares en su aplicación. Esta lógica radica en ganar posiciones en la coyuntura aunque se sacrifique el mediano plazo. La política es eso: coyuntura y supervivencia. Lo demás viene por añadidura.

Si este maquiavélico plan, hubiera aparecido en uno de los episodios de House of Cards hubiésemos concluido que la imaginación del guionista es exagerada.

Y nos lleva a una conclusión más superficial pero menso válida; que tiene que ver con la lógica de la gente común frente a la política: la atracción de House of Cards es el hecho de que miro cosas que se que suceden, o pueden suceder pero yo no me animaría a protagonizar. Son hechos de la realidad, de una realidad que mi imaginación considera factibles, en un mundo que si no es como me lo cuentan o describen, me deleitaría que fuese así. Y lo disfruto.

La política es azar, es destino y es voluntad. Pocos pueden someterse a esa lógica. Mauricio Macri y su equipo, por más que nos digan que ellos son la excepción en realidad, son la regla.