Estrategia

Pandemia, cuarentena y política. Las declaraciones de Alberto Fernández

Por Belén Amadeo

Anoche fue la tercera vez que el presidente Fernández habló a la ciudadanía en directo sobre el coronavirus. A diferencia de las otras dos veces en las que lo hizo por cadena nacional y en una conferencia de prensa respectivamente, esta vez se trató de una declaración institucional, sin preguntas por parte de los periodistas. Así, el presidente recurrió ya a las tres herramientas clásicas de comunicación gubernamental para erguirse como único vocero-líder. Tal vez más adelante el gobierno designe voceros técnicos (tema que todavía no está claro aún), pero el único líder político es él. El riesgo de tanta exposición es que la victoria o la derrota del liderazgo de Fernández queda fuertemente atada a la resolución de la crisis sanitaria. Por lo menos por ahora.

Con astucia, el presidente no se mostró como un líder solitario y mesiánico. De hecho, hizo estas declaraciones rodeado de gobernadores muy bien elegidos para la ocasión. En su conferencia de prensa del domingo 15 lo habían acompañado el gobernador bonaerense, kirchnerista, y el jefe de gobierno porteño, macrista. Esta imagen envió a la gente señales antigrieta y de respeto a las autoridades provinciales. Sin embargo, esto no fue visto así por los demás gobernadores del país que consideraron ficticio el federalismo de Fernández por haberse centrado exclusivamente en los distritos de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. Atendiendo a esas sensibilidades, esta vez el presidente fue acompañado, además, por el gobernador jujeño y radical, Gerardo Morales, y el santafesino y peronista, Omar Perotti, exhibiendo federalismo geográfico e inclusión ideológica. Solo hizo declaraciones después de haber hablado con todos los gobernadores y confirmó la creación de un gabinete federal con ellos. Los líderes territoriales revalidaron la autoridad presidencial al aprobar las medidas anunciadas, un resguardo valiosísimo para la gobernabilidad en tiempos difíciles.

Además de esa puesta en escena, también fue muy cuidada y llamativa la elección de las palabras que Fernández utilizó para hablar de la cuarentena: explicó que se aplicaba un “aislamiento social preventivo y obligatorio”, que las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales estarán desplegadas controlando que solo salga quien debe hacerlo por necesidad y dijo, además, que sería inflexible con todo aquel que no lo cumpliera porque “la democracia nos exige ser severos”. Utilizó un tono amable, para algunos tal vez demasiado amable ante las medidas que estaba anunciando. No obstante, ese volumen discursivo le da margen para escalar la severidad en caso de necesitarlo y logra evitar que asocien este decreto a un estado de sitio con semblanzas con el caos delarruísta o, peor, con el gobierno militar.

En cuanto a los periodistas, se refirió a ellos agradeciéndoles directamente que estén trabajando en épocas tan difíciles y les pidió que lo ayuden a informar bien, porque “la pelea es contra la pandemia y contra la psicosis”. De este modo Fernández se dirige a los tres actores de la opinión pública, los dirigentes, los ciudadanos y los medios de comunicación, apelando a su conciencia. Utiliza un tono sanador, con cierto aroma alfonsinista, en el que la sociedad puede intuir una reivindicación colectiva a través de la unidad frente un enemigo externo, común y, por una vez, no ideológico.