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Política y manejo de las influencias en el subte

Senator Mark Warner and Kevin Hall

Hoy leía el artículo de Martine Powers del Washington Post que reproduce La Nación sobre la práctica de lobby que se produce en uno de los centros políticos más importantes del mundo: el Congreso de los Estados Unidos. Si bien no es conocido por muchos, la nota cuenta sobre los encuentros que los congresistas y senadores realizan en un subte que   conecta el edificio parlamentario con las oficinas de cada uno de los representantes. A raíz de este artículo me surgieron algunos pensamientos sobre las prácticas de los legisladores y políticos en general que pueden aplicarse a cualquier parte del mundo y que quería compartirles.

  1. Los parlamentos son una moneda de dos caras. Con una se le habla a la tribuna con la otra se negocia. Estas caras nunca coinciden.
  2. En el recinto se realizan los discursos impactantes, en cambio, en los pasillos (en este caso en el subte) se negocia el poder real a través del intercambio de favores e influencias. Son 90 segundos claves para cambiar un voto, influir sobre una decisión u obtener información relevante.
  3. La negociación en el subte que transporta a los senadores y representantes sorprende al autor, sin embargo cuando yo viví y trabajé en Washington esto era habitual pero en los ascensores. Siempre me pareció un lugar ideal donde no hay formalidades que cumplir ni reglas que atender. En estos espacios se da un dialogo genuino sin la presión de las cámaras ni las presiones partidarias.
  4. El lobby es incansable. Va donde está el poder de decisión. No importa cuál sea su  regulación. Para el lobby los límites son franqueables y las reglas flexibles.
  5. Los legisladores tienen el trabajo de representar a sus votantes, pero para ello están obligados a entender la lógica del poder, que se suele alejar de los intereses de los ciudadanos de a pie.
  6. Imponer la transparencia y apertura de estas prácticas por medio de la ley es complicado. Si llega a darse, será por la misma evolución del poder.
  7. Los políticos están sometidos al escrutiño público permanente. Los periodistas y los medios en general, literalmente, los acosan. La democracia permite eso y es sano para el sistema. Para los políticos, casi no hay espacios privados.
  8. Pero no todo es influencia y favores. También es el momento donde dos adversarios públicos se gastan una broma y donde se deja ver el lado más humano de cada político, porque, aunque a veces nos olvidemos, ellos también son personas.
  9. Estos espacios son esenciales para la política “real”. Sin embargo, como menciona Powers, las nuevas tecnologías y los rencores que puede generar un tuit malintencionado pueden llegar a exterminar estos encuentros lo que sería muy dañino para la democracia.
  10. Los tiempos de la política son efímeros. En 90 segundos tenemos que saber  presentar, debatir y convencer a un congresista. O si tu tarea es periodística deberás preguntar, escuchar y repreguntar para hacer feliz a tu editor. Esto requiere profesionales extremadamente preparados, ágiles y asertivos que sepan entender entre líneas el entramado del poder.

Les dejo la nota de Martine Powers para The Washington Post