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“Por ahora hay crédito con Macri, pero no es infinito”

“Por ahora hay crédito con el gobierno nacional, pero no es infinito. Si la primera parte del año amenaza con ser complicada es probable que el apoyo se reduzca y el mal humor aumente”, sostiene el politólogo Roberto Starke, quien traza una mirada aguda y puntillosa sobre las primeras escenas de la política argentina tras la victoria de Mauricio Macri y sus primeros meses en el gobierno.
—¿En términos generales, cómo evalúa estos primeros casi 3 meses de Macri al frente del gobierno?
—La impresión que tengo es que el gobierno asumió con la misma idea que traían del gobierno de la Capital Federal, pensando que “la gestión”, “una mejor comunicación” y “un buen equipo de técnicos” iban a ocupar gran parte de la agenda nacional. Se equivocaron. Tuvieron que adaptarse velozmente a la coyuntura y comenzar a hacer política, es decir a buscar aliados y definir adversarios. Los errores de los primeros meses no son producto de la improvisación sino de la falta de lectura política de lo que estaba ocurriendo. Sin embargo creo que eso lo fueron corrigiendo poco a poco llegando al punto de inflexión  cuando el presidente en la apertura de las sesiones ordinarias describió el marco en el cual va a conducir su gobierno.
—¿Cuáles considera que son los logros más positivos?
—En términos generales uno de sus aciertos más notorios es haber cambiado el estilo y conducción gubernamental. Se muestran más abiertos, más participativos y más dialoguistas. A partir de ahí surge el discurso oficial de que los que los diferencia del gobierno anterior es la transparencia y el hecho de que cuando se equivocan reconocen el error y vuelven sobre sus pasos. Sin duda que con esto no alcanza para cuatro años pero en los primeros meses despierta cierta expectativa y esperanza. En la comunicación, en general son hábiles aunque confían demasiado en que comunicar bien es el eje de la política y solo es una herramienta. Las encuestas nos indican que si bien han perdido algunos puntos de apoyo siguen gozando de crédito, y el decisiones como la anulación del cepo y el arreglo con los holdouts, les puede dar más oxígeno. El “nuevo contrato” que buscan con la gente es brindar un país estable y previsible.
—¿Y lo peor que hizo Macri hasta aquí?
—En general creer que podían prescindir de la política. Que iban a gobernar con una tecnocracia y que eso los reconciliará con la gente. En este sentido no midió tiempos y recursos políticos y cometió algunos errores de iniciado. Hay que decir también que delante no tiene oposición. El peronismo esta en estado deliberativo interno y los “K” no dejan de cometer errores encerrándose en un discurso dirigido solo a los convencidos, que cada vez son menos. Es por eso que errores como el intento de nominar jueces a la Corte por decreto o el anuncio apresurado de la reforma del impuesto a las ganancias no tuvo altos costos. Cuando la oposición se arme, ya veremos qué pasa.
—¿Cree usted que se terminó la luna de miel con la sociedad y que ahora se ponen en juego otras cosas?
—Las llamadas “luna de miel” suelen ser cortas, lo que no quiere decir que se agote el romance. Por ahora hay crédito pero no es infinito y si la primera parte del año amenaza con ser complicada es probable que el apoyo se reduzca y el mal humor aumente. Pero esto no significa el fin, ni mucho menos. Una vez más la política cumple en acompañar cuando los votos escasean. Construir poder, afianzar alianzas y ampliar la coalición de gobierno son por lo tanto desafíos fundamentales.
—¿Hacia dónde debería direccionar Macri sus inminentes acciones de gobierno?
—Fundamentalmente a dos o tres objetivos de corto plazo que le permita poner “orden” en la herencia recibida; a que el equipo de gobierno cumpla con sus tareas en el ámbito de sus carteras como infraestructura y control de la inflación; y a evitar que la oposición se organice en un frente homogéneo.
—¿Cómo debería enfocar el gobierno su relación con el peronismo, atento a que lo necesita para aprobar leyes clave en el Congreso?
—Cada vez que pierde una elección el peronismo entra en crisis. Esto significa que ingresa a un estado deliberativo interno, sus referentes provinciales ganan espacio, y carecen de un liderazgo claro. Mientras esto no se ordene la crisis continuará, por más congresos y reuniones que realicen. Creo que la forma en que el gobierno se conduce es la apropiada: mantener las líneas abiertas con los gobernadores, utilizar los recursos que necesitan para “apretarlos” y evitar que se reorganicen.
—¿Hay una estrategia oficial de posicionar como adversario al kirchnerismo y a sus aparatos simbólicos?
—No sé si esta es la estrategia oficial. Lo que tiene que agradecer el gobierno es que por ahora el kirchnerismo se comporta como si estuviera en una asamblea universitaria y que mientras siga la “estudiantina” es muy poco lo que van a lograr políticamente.
—¿Cómo cree usted que se reordenará el peronismo?
—El peronismo no es una excepción a la crisis de partidos que está sufriendo la Argentina. No le va ser fácil reordenarse especialmente si continúa aplicando las fórmulas de hace 20 años. La política esta cambiando, ha cambiado y la gente está pidiendo algo diferente, aunque no sabe aún qué específicamente. En el peronismo están surgiendo nuevos referentes que creo tienen un estilo más moderno, menos excluyente y mas participativo. Esto hace que muchos dirigentes suenen como obsoletos cuando se dirigen a la gente. Los nuevos referentes me parece que miran al “movimiento” con ojos de renovación y replanteo de reglas de juego. El año que viene, con las elecciones legislativas, vamos a ver que la competencia se torna cada vez más dura y exigente. Estos aires de cambio le van a venir bien para “aggiornarse”.
—¿La clave de la Argentina en lo inminente es la cuestión económica?
—Sin duda este es el gran desafío para el gobierno. Lograr un ajuste lo menos doloroso posible con bajos costos políticos. Creo que es casi imposible. La gente está preocupada por los precios, los salarios y el empleo. Y aquí no hay respuestas certeras. Si el gobierno logra pasar el invierno y ofrece una nueva esperanza para fin de año y comienzos del 2017, quizás pueda sortear el año electoral que viene. Si no, este triple eje puede ser devastador.
—¿El futuro político de la Argentina se dirimirá en las elecciones legislativas de 2017?
—No sé si el futuro político de la Argentina, pero sí el de Macri. En las elecciones de medio término tendrá que probar que su coalición política se ha fortalecido y es electoralmente potable. Su mayor desafío es la provincia de Buenos Aires.
—¿Cómo interpreta la fría recepción del Papa?
—La relación de Papa Francisco con Macri es y será tirante por diversa cantidad de motivos, entre los que es encuentra la mirada que tienen de la modernidad y el crecimiento económico del país. Sin embargo, el viaje del presidente a Roma era un trámite, algo parecido a cuando tenemos que sacarnos sangre o renovar el registro. Había que hacerlo. Ya pasó. Ahora la pelota esta en la cancha de Francisco,  quien fue invitado por Macri a visitar la Argentina y todavía aguardamos su respuesta.

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