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¿Una marcha que cierra una grieta?

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Eran las 18 horas de un  miércoles 10 de mayo de 2017 en Plaza de Mayo. Parecía una marcha más pero ocurrió un fenómeno que no se veía  hace tiempo. Una causa, una bandera que uniera a argentinos más allá de las diferencias ideológicas, partidarias o sindicales que vienen dividiendo a la sociedad en la mayoría de los temas públicos. Los unió el repudio al fallo de la Corte Suprema que otorga el beneficio del “2×1” para el cómputo de la pena en un caso de lesa humanidad.

La Justicia vuelve a ser un tema de agenda política. Lo fue en un momento por los affaires de los gobiernos con algunos jueces, lo fue en el caso Nisman, volvió hace unos días con un fiscal maniatado y ahora con un fallo que por más independencia de poderes, obligó las definiciones de todo el arco político.

Y así se vio a peronistas, miembros del pro, radicales, a la izquierda, a las ong y a miles de ciudadanos independientes que marcharon con una consigna: los crímenes cometidos en dictadura no quedan impunes ni se negocian.

La presión civil y mediática llevaron a pedir juicios políticos para los jueces, activaron movilizaciones y finalmente la reacción desde el Congreso de la Nación, que en menos de 48 horas logró convertir en ley el proyecto que limita la aplicación del beneficio del 2×1 a los crímenes de lesa humanidad, genocidios o crímenes de guerra.

La Plaza de Mayo se colmó con una multitud fundida en un abrazo

Podrá ser analizado como una marcha más o como una demostración de que la sociedad argentina ya no tolera cruzar ciertas líneas. No se lo tolera este fallo de la justicia como no se lo toleró a la Presidenta Cristina Fernández sondear una nueva reelección en 2015. Esto marca una madurez democrática que todos los representantes deberían empezar a tener en cuenta. Quizá esta sea la grieta que se haya cerrado para siempre.

Martina Olivero
Starkelabs